jueves, 1 de octubre de 2009

Algunas consideraciones sobre el Cambio Climático

Hernán Sorhuet Gelós*

Presentación
Uno de los temas ambientales más importantes en la actualidad es el Cambio climático, de esta forma, hemos querido presentar en este espacio una perspectiva calificada sobre ese problema. Así, seleccionamos algunos artículos que ha publicado nuestro excepcional amigo y periodista uruguayo en su columna semanal de El país de Montevideo.

En el presente texto se recogen una serie de reflexiones sobre el Cambio climático y los factores que a nivel global y local está provocando y ha incitado dicho fenómeno. El autor no se queda en una lectura reduccionista del problema, nos lleva por senderos que trascienden el nivel de lo netamente ecológico implicando los ámbitos de lo económico, político y social. Los dejamos pues con la escritura fluida de un experto y sobre todo de un excelente humanista.

¿Está ocurriendo?
Así como la tecnología nos sorprende todos los días por los permanentes avances que se logran en el terreno de la comunicación, la electrónica o la medicina, lo que ocurre en materia ambiental también está cambiando la realidad, y por ello, las reglas de juego.

Si bien en general no hemos demostrado madurez para anticiparnos a los problemas, la crisis actual precipita los hechos y acorta los plazos.

Una de las grandes diferencias que se está operando es que comienza a predominar el convencimiento de que la solución de los grandes problemas llegará de la mano de la participación de la sociedad, y no como resultado del buen accionar de algunos sectores en forma aislada.

Esta participación es mucho más que el conocido desempeño de las organizaciones no gubernamentales (Ong).

Se trata de una etapa superior porque implica avances notorios en empoderamiento, o sea, en un nuevo ejercicio del poder, basado en la toma de conciencia de la gente del poder individual y colectivo que tiene para gestionar y resolver sus problemas.

Aunque todavía no se sabe muy bien como instrumentar mecanismos que conduzcan a un empoderamiento rápido y exitoso, de cualquier manera y como ha sucedido tantas veces, estamos aprendiendo en la marcha.

Las urgencias ambientales (sociales, culturales, económicas, políticas y ecológicas) obligan a quemar etapas con rapidez.

Lo que se busca es transformar las relaciones de los grupos sociales con los sectores de poder, en todos aquellos aspectos que afectan sus vidas.

Para ello es obvio que hay que estar en los lugares donde se toman las decisiones importantes. Es la única manera de lograr una más justa distribución del ejercicio del poder dentro de la sociedad, cuyo resultado final debería ser una mejor calidad de vida para todos.

De lograrse un avance significativo del empoderamiento, la sociedad estaría en el camino correcto para alcanzar un desarrollo económico, social, ecológico e institucional duradero.

Será el resultado del sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil, el sector productivo y el funcionamiento económico. A este tentador concepto se le denomina gobernanza.

Si pensamos en el calentamiento global como un ejemplo emblemático de la grave crisis ambiental actual, es evidente que su presencia acorta los plazos y reduce los niveles de paciencia.

Es un fenómeno con una característica única y para muchos novedosa: afectará a toda la humanidad. Y aunque lo hará de diferente manera, en todos los casos será lo suficientemente grave como para movernos el piso.

¿Está consciente la sociedad que debe participar en la preparación de las medidas de adaptación y mitigación al cambio climático? ¿Cómo y cuando lo hará?

A medida que nos enteramos de nuestras vulnerabilidades y de la prospectiva del problema, urge responder esas preguntas.

En éstos días la información que recibe la sociedad sobre el devenir del calentamiento global parece abundante.

Sin embargo no es de buena calidad, porque el mensaje general que deja es que el problema está aún lejano a nuestra realidad personal y grupal. Y no se así.

Lo que está ocurriendo alerta sobre lo vulnerable que somos y lo vital que resulta reaccionar de inmediato.
(El País; Montevideo, 9 enero 2008)


Hora de actuar
Durante la histórica Cumbre de RIO’92, entre los numerosos y trascendentes temas, sobresalieron tres: la pobreza creciente, el cambio climático y el crecimiento de la población mundial. Se hizo evidente que era una contradicción hablar de “desarrollo sostenible” si la humanidad no hallaba soluciones a estos mega problemas.

Han pasado tres lustros y aquellas advertencias no sólo se confirmaron, sino que se agravaron. Una de las razones de su enorme complejidad es que son asuntos íntimamente relacionados.

Se comporta como un círculo vicioso porque la población mundial crece a un ritmo alarmante (nos encaminamos a ser 7 mil millones de seres humanos), mientras que los recursos naturales son limitados -y están muy mal distribuidos y utilizados-, y los servicios insuficientes. El resultado es: aumento de la pobreza, más marginación y mayores asimetrías sociales.

Como era de esperar, el impacto de esta realidad sobre los ecosistemas es elevado. El más amenazante es, sin duda, el calentamiento global que experimenta la atmósfera, causado por las emisiones de gases de efecto invernadero que realizan la población mundial.

Estos cambios en el clima anuncian un fuerte impacto sobre las poblaciones más pobres del globo, debido a que se producirán mayores inundaciones, sequías, huracanes, etc.

Como si esto fuera poco, paralelamente al crecimiento demográfico se registra una marcada migración de las personas del medio rural a las ciudades. ¿Por qué lo hacen? Lo hacen buscando oportunidades de trabajo, acceso a servicios básicos (salud, educación, etc.), y mayor seguridad.

Los hechos demuestran que para las mayorías estos sueños no se cumplen. Sí aumentan los cinturones de pobreza de las ciudades, la tensión social y, desde luego, la violencia.

¿Cómo enfrentar este enorme desafío? Algo está bien claro, si no nos anticipamos a lo que se vendrá, debemos esperar situaciones terribles, pues los problemas actuales se potenciarán, y surgirán otros.

Hay que estabilizar la población mundial. Al igual que una comunidad que vive en una pequeña isla, la humanidad debe tomar conciencia que vive en un único planeta -del cual no puede emigrar- y actuar en consecuencia.

En cuanto al acelerado crecimiento de las ciudades, es evidente que no hay planificación que las prepare para recibir cada día más gente. También aquí el éxito depende de adelantarse “urbanísticamente” a los hechos.

Para enfrentar el futuro necesitamos a una población mundial educada e informada. Este olvidado objetivo debe ser una prioridad, pues es la gente la única que puede transformar la realidad en los niveles que estamos planteando.

Desde el punto de vista ambiental los obstáculos a superar también son enormes. A la conservación de la diversidad biológica le agregamos lo que ya tenemos encima con el cambio climático. Sabemos que es inevitable. Depende de nosotros el nivel de gravedad que pueda alcanzar el problema, así como la mitigación y adaptación que logremos como comunidad. Tenemos la capacidad de ganar tiempo, viendo lo que vendrá, a través de la proyección de los escenarios futuros. También de preparar a los sectores más vulnerables.

Podemos mitigar los daños y efectos negativos provocados por el calentamiento global, así como prepararnos para enfrentar los problemas de la mejor manera posible. ¿Aprovecharemos esta oportunidad, o pagaremos el precio más alto?
(El País; Montevideo, 13 de febrero de 2008)


Responsabilidades diferentes
A medida que la humanidad va asumiendo la magnitud del problema que significa el calentamiento global -y su incidencia en el llamado cambio climático- algo mejoran las posibilidades de enfrentar el desafío con mejores posibilidades de éxito.

Partimos de varios supuestos aceptados mayoritariamente. El primero es que disponemos de pruebas científicas incuestionables que demuestran que los gases de invernadero liberados en enormes cantidades por la acción de los seres humanos, están calentando la atmósfera y modificando el clima.

El segundo es que el desarrollo de las actividades humanas basado en la energía de los hidrocarburos (petróleo, carbón, gas), llevado adelante durante varios siglos, fue un error que hay que corregir.

El tercero es que, ante tan grave problema, existen responsabilidades comunes pero diferenciadas. El mundo es uno solo y todas las sociedades emiten gases invernadero. Pero no cabe duda de que la contribución de los gases ha sido –y seguirá siéndolo- muy despareja. Unos pocos estados son responsables de la inmensa mayoría de la contaminación atmosférica. El resto, casi sin intervenir en la generación del problema global, padecerán los severos efectos como cualquiera; y en muchos casos, más que cualquiera, si por ejemplo consideramos a los pequeños estados insulares.

Los costes de las medidas de mitigación y adaptación al cambio climático, y de la cooperación que será necesaria para tener éxito en esas estrategias –acceso a tecnologías modernas, mayor equidad en los mercados, valoración de los servicios ambientales en ecosistemas estratégicos como los grandes bosque y humedales- son aportes que le corresponde realizar a las naciones desarrolladas, porque sobre ellas recae la mayor parte de la responsabilidad en la generación del problema (son las más contaminantes).

Resulta fácil comprender que es en este punto crucial donde las negociaciones internacionales están empantanadas. Una vez más queda demostrado que se puede discutir, con racionalidad y sólidos argumentos, cualquier asunto por espinoso que resulte. Pero, si involucra “el bolsillo” de los sentados a la mesa de negociaciones, los parámetros de la discusión cambian dramáticamente, devaluándose la responsabilidad y el sentido común.
Se explica entonces lo desesperanzador que se presente la actual orientación de los esfuerzos internacionales para mitigar el cambio climático, trabajando en estrategias que son simples remiendos, como si se quisiera tratar el cáncer con analgésicos. Pensemos en el mercado de carbono, en el tibio apoyo al desarrollo de energías alternativas, en los mínimos esfuerzos de las naciones desarrolladas de concretar reducciones significativas de sus emisiones.

El cuarto es que, la lógica del mercado imperante hace muy difícil rectificar el rumbo, a pesar de los acertados diagnósticos de la situación disponibles. Esto lleva a que se imponga el análisis de la situación casi exclusivamente a través del cristal de la economía. Si las medidas, los acuerdos o las políticas propuestas son rentables, seguramente se aplicarán. De lo contrario, las naciones del mundo, así como los organismos multilaterales más influyentes, seguirán esperando “a ver que pasa”, desconociendo las severas advertencias formuladas por estudios muy serios y confiables, como el del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC).

Por lo visto seguiremos aprendiendo a los golpes.
(El País; Montevideo, 14 de mayo de 2008)


Amenaza real
Al principio se intentó desacreditar las advertencias de los científicos sobre los impactos negativos que el calentamiento global iba a tener sobre el planeta, diciendo que eran apresuradas y sin fundamentos sólidos. Luego, se cuestionó la urgencia reclamada para tomar medidas. Ahora el calentamiento global es un hecho, y la discusión está enfocada en tratar de determinar plazos, escenarios, intensidades, frecuencias y costos.

Si bien es muy importante acordar acciones para mitigar las causas del problema (emisiones de gases invernadero) a escala mundial, lo es aún más, elaborar una efectiva estrategia de adaptación nacional y regional, que nos permitan reaccionar con éxito ante las difíciles situaciones que se vienen.

Para poder anticiparnos a los hechos tenemos que conocer lo que sucederá. Recurrimos entonces a los modelos climáticos como herramientas capaces de simular las respuestas del sistema climático a diferentes situaciones. Nos permiten imaginarnos un escenario futuro, a partir de lo que ha sucedido y de las características de la región considerada. No se trata de un pronóstico sino de proyecciones basadas en variables como el régimen de precipitaciones, temperatura, vientos o ascenso del nivel del mar.

En nuestro país reconocidos investigadores como Gustavo Nagy, Mario Bidegain y Bernardo de los Santos, desde hace un tiempo estudian impactos, vulnerabilidades y posibilidades de adaptación en la zona costera a los cambios del clima, y elaboran escenarios climáticos, con el fin de saber qué está sucediendo y lo qué deberemos enfrentar, para responder interrogantes como quiénes se verán perjudicados, cuáles serán los costos de adaptación.
Desde el arranque los anuncios resultan preocupantes. Afirman que la máxima organización mundial en la materia, el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), se está quedando corta en sus cálculos; los hechos avanzan más rápido de lo esperado. No estamos hablando de lo que les sucederá a nuestros hijos, sino a nosotros mismos.

Para el caso de la costa uruguaya resulta una sorpresa saber que la mayor amenaza contra su integridad no es la llegada de tormentas, vientos o el incremento del nivel del agua, sino las acciones humanas irresponsables.

Estas acciones colaterales son las que hoy provocan la acelerada pérdida de zonas de la costa uruguaya, como sucede en el balneario La Floresta. De hecho el ascenso del mar en Uruguay es menor que la media mundial. Se debe a la morfología de sus costas, al comportamiento de los vientos y a la conducta de los ríos Paraná y Uruguay, a través de sus descargas naturales.

Aunque a la hora de construir escenarios existen mucha incertidumbre, igualmente son la mejor herramienta disponible, por su nivel de credibilidad y la buena información utilizada.

Para las costas del Atlántico Sur se espera un incremento del nivel del mar, de la temperatura del aire, de la frecuencia de las tormentas severas y de las precipitaciones. Volviendo a nuestro territorio, se señala al delta del río Santa Lucía como una zona de mayor vulnerabilidad.

Queda demostrado que la producción de información pertinente y la generación de conocimiento se ha transformado en un eje clave para el presente y futuro del país.
( El país; Montevideo, 19 de noviembre de 2008)

Es el momento
El 2008 no podía finalizar peor. A las dos crisis a escala planetaria que estamos sufriendo (inseguridad energética y cambio climático) se le sumó la crisis económica y financiera que comenzó en los países más ricos.

La paradoja de esta situación tan complicada es que nuestra región no es responsable principal de ninguna de ellas y, sin embargo, ha sido arrastrada por sus efectos negativos. Deberá hacer grandes esfuerzos para mitigarlos y prepararse lo mejor posible para “campear el temporal”.

Días atrás la Cámara de Diputados de México y la Organización Global de Legisladores para un Ambiente Balanceado (GLOBE) reunieron a un significativo número de legisladores de las Américas, para analizar y discutir cómo enfrentar el cambio climático a partir de 2012 cuando finalice el Protocolo de Kioto. Pensando en quiénes toman las grandes decisiones, resulta obvio que el sector político en general y los parlamentos y congresos en particular, juegan un papel fundamental.
En ese sentido, durante los tres días del Foro Globe se destacó la nueva postura anunciada por el presidente electo Obama, como un elemento de esperanza, considerando que dirigirá los destinos de la nación más contaminante con gases de efecto invernadero, que además rechazó Kioto.

También estuvo sobre la mesa que para América Latina y el Caribe la situación actual es crítica, debido a su alta vulnerabilidad socio-ambiental.

Mientras tanto la crisis económica avanza como un tsunami cuyo peligro mayor es que nos haga perder de vista la realidad global. Por lo tanto, para que las soluciones resulten efectivas, deben ser integrales. Las tres crisis se deben atacar a la vez. De lo contrario perderemos tiempo muy valioso, malgastaremos recursos escasos, y profundizaremos el deterioro del nivel de vida de amplios sectores de la sociedad.

Cómo lograr buenos niveles de desarrollo y al mismo tiempo aplicar buenas medidas de adaptación y mitigación al cambio climático.

Por consenso se llegó a algunas conclusiones a tener en cuenta.

Como siempre se dice, las crisis ofrecen oportunidades. En este caso, se debe incorporar los objetivos climáticos y de seguridad energética como parte integral de la recuperación económica, social y ambiental que se busca.

Esta crisis ofrece un terreno propicio para reestructurar el modelo económico vigente responsable de la situación –como se plantea en la Declaración del Foro.

En ese sentido todo parece indicar que si no se toma muy en cuenta el valor económico del funcionamiento de los ecosistemas, de los ciclos naturales, etc., seguirá comprometida nuestra prosperidad futura. Pero esa valoración debe ser correctamente calculada y no como hasta ahora, donde los reales costos ambientales no aparecen en las auditorias y evaluaciones, determinando que muchas políticas y proyectos se aprueben y realicen sin advertir a priori, lo que ha sucedido tantas veces: que se socialicen las pérdidas resultantes.

Así como se está pidiendo un compromiso de los países emergentes en materia de reducción de carbono, primero las naciones industrializadas deberán dar señales muy claras en materia de cumplimiento de las metas acordadas de reducción de emisiones, de transferencia tecnológica y de financiamiento.
(El País; Montevideo, 17 de Diciembre de 2008)

Los nuevos refugiados
La llegada a nuestras vidas del cambio climático como uno de los problemas globales más impactantes obliga a analizar los múltiples aspectos que incluye. Uno de ellos en particular continúa deliberadamente postergado. Nos referimos a la migración forzosa por razones climáticas.
Se trata de una nueva categoría de migrantes. Sin embargo la resistencia a reconocerla es grande. Aunque la idea sobrevuela en muchas organizaciones, ni siquiera existe una definición aceptada del concepto. Se trata de una categoría especial de personas que por razones de supervivencia, se ven obligadas a abandonar la región o el país en el cual viven.

La ocurrencia de algún desastre natural repentino (fenómenos meteorológicos, como un huracán o una crecida) o lento (proceso climático, como desertificación, elevación del nivel del mar o salinización de la tierra) empuja a familias enteras a dejar sus hogares, donde su futuro está dramáticamente comprometido. La imposibilidad de retornar a sus lugares de procedencia puede ser transitoria o permanente.

Al no existir estas categoría esas personas desplazadas y en extrema vulnerabilidad, no tienen acceso a las ayudas previstas para los refugiados.

¿Cuál es la razón de esta resistencia a reconocer algo que parece tan obvio? Como suele suceder en temas complejos como éste, siempre existe más de una razón.

En primer lugar, si todos reconocen la posibilidad de que existan refugiados ambientales por razones climáticas, también aquí la mayor carga deberán asumirla los países desarrollados. Son ellos los principales causantes del problema, a través de sus elevados niveles de emisiones de gases de invernadero a la atmósfera. En otras palabras, las naciones incluidas en el anexo I del Protocolo de Kioto tiene una mayor responsabilidad en el asunto y, por lo tanto, es lógico esperar que asuman las obligaciones más pesada en la solución de los problemas.

En materia de refugiados ambientales las perspectivas no son nada buenas, considerando la frecuencia y magnitud de los problemas que anuncia el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC).

En segundo lugar, ante este panorama se deberán modificar las políticas de inmigración, especialmente la de los países desarrollados. En ese sentido, ya se escuchan propuestas de que esos países deberían hacerse cargo de una cuota de migrantes por razones climáticas, proporcional a sus emisiones totales. Aspectos como éste ayudan a explicar porqué existe tanta resistencia a avanzar en este terreno. De hecho, hasta ahora ningún país ha querido centrar precedente aceptando la categoría de refugiado ambiental por razones climáticas.

Seguramente no es casualidad que se insista tanto desde los países desarrollados en lograr exitosas medidas de adaptación en los estados más vulnerables al cambio climático, porque asegurarían, que las poblaciones afectadas no migraran en forma masiva. Quizás por esta razón se impone la idea de que la migración forzosa por razones climáticas es un fracaso de las políticas de adaptación, cuando perfectamente podría considerarse una forma de adaptación, cuando los riesgos y las condiciones imperantes in situ llegaron a niveles inmanejables.

Como decíamos, la complejidad y dinámica del tema parecen garantizar una marcha lenta de las negociaciones, a pesar de que el tiempo apremia.
(El País; Montevideo, 27 de Agosto de 2008)

Migraciones forzosas
Nadie discute que el cambio climático llegó para quedarse. Los múltiples problemas globales que implica para la humanidad están modificando rápidamente algunas variables.

Una de las que seguramente será más impactante es la migración forzosa por razones ambientales, que producirá cantidades enormes de refugiados ambientales. Consignarlo no significa ser alarmistas sino hacer una lectura de lo que está ocurriendo, aunque existe mucha resistencia a reconocerlo.

Aunque la idea sobrevuela en muchas organizaciones, ni siquiera existe una definición aceptada del concepto. El refugiado ambiental es una categoría especial de personas que por razones de supervivencia, se ven obligadas a abandonar la región o el país en el cual viven. La ocurrencia de algún desastre natural repentino (fenómenos meteorológicos, como un huracán o una crecida) o lento (proceso climático, como desertificación, elevación del nivel del mar o salinización de la tierra) empuja a familias enteras a dejar sus hogares, donde su futuro está dramáticamente comprometido. La imposibilidad de retornar a sus lugares de procedencia puede ser transitoria o permanente.

Al no existir aún esta categoría esas personas desplazadas y en extrema vulnerabilidad, no tienen acceso a las ayudas previstas para los refugiados. A pesar de las evidencias, parece no haber apuro en los organismos internacionales por solucionar el tema.

Reconocer la existencia de refugiados ambientales por razones climáticas, también implica poner la mirada en los grandes responsables del problema: los países desarrollados. Se sabe que son ellos los principales causantes del problema, a través de sus elevados niveles de emisiones de gases de invernadero a la atmósfera. En otras palabras, las naciones incluidas en el anexo I del Protocolo de Kioto tiene una mayor responsabilidad en el asunto y, por lo tanto, es lógico esperar que asuman las obligaciones más pesadas en la solución de los problemas.

Mientras tanto, el futuro de los refugiados ambientales cada vez se presenta peor, considerando la frecuencia y magnitud de los problemas que anuncia el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC).

Si se reconociera el problema y se aceptaran las responsabilidades, una de las primeras consecuencias debería ser que los países desarrollados modificaran sus políticas de inmigración, referente a esa nueva categoría de excluidos. En ese sentido, ya se escuchan propuestas de que esos países deberían hacerse cargo de una cuota de migrantes por razones climáticas, proporcional a sus emisiones totales. Aspectos como éste ayudan a explicar porqué existe tanta resistencia a avanzar en este terreno. De hecho, hasta ahora ningún país ha querido sentar precedente aceptando la categoría de refugiado ambiental por razones climáticas.
Mientras tanto, no es casualidad que se insista tanto desde los países desarrollados en lograr exitosas medidas de adaptación en los estados más vulnerables al cambio climático, porque ayudaría a que las poblaciones afectadas no migraran en forma masiva. Mientras tanto aumenta la vulnerabilidad de millones de personas. La reacción tardía a estos fenómenos inminentes solamente agravará las consecuencias negativas en cantidad e intensidad.
(El País; Montevideo, 1° de Julio de 2009)

* Periodista ambiental uruguayo. Escribe en el diario El País de Montevideo.

Plásticos biodegradables con o sin futuro

J. Adrián Figueroa Hernández*


El presente artículo trata de los plásticos biodegradables que están proliferando en su comercialización en México.

Existen dos tipos de estos plásticos en el mercado, los que son hechos con polímeros de maíz y los que están hechos con un aditivito biodegradable que se le pone al plástico común. Ambos se anuncian como 100% biodegradables, ante esto, hay que hacerse preguntas que nos deban llevar a ser consumidores responsables.
¿Son biodegradables o fotodegradables? Esta pregunta nos llevará a saber la manera de cómo se descomponen sus moléculas y eso conllevará a saber el tiempo de descomposición y los posibles impactos en la salud y en general al ambiente. Esto nos lleva a otra pregunta.
¿Qué significa que se degraden? Para algunos dicen que se puede lograr su degradación “en meses”, otros son específicos, marcan 4 meses y su total descomposición, otros anuncian que se empiezan a degradar estos plásticos y al cabo de dos años ya son partículas pequeñas que serán fácilmente degradas por bacterias. Ante esta última información viene otra pregunta.
¿Se han hecho evaluaciones del impacto ambiental de estos productos? Por el momento no he encontrado ningún reporte científico y oficial que hable del tema. En este sentido, se desconoce sobre el ciclo de vida de estos productos, es decir, de la cuna a la tumba, saber sobre sus insumos, gastos de recursos, desechos, impactos sociales, etc. Usando el principio precautorio que propuso Naciones Unidas, estos productos deberían ser analizados y certificados antes de salir al mercado. Imaginando que les creemos que SI se descomponen en partículas pequeñas, pero ¿quiénes las descompondrán completamente hasta integrarse a otros ciclos biogeoquímicos?, ¿Serán las bacterias quienes hagan esa labor? Si son ellas, cuáles, ya que no todas pueden hacer ese trabajo y no siempre están en cualquier lugar de la naturaleza o muchas de ellas como sucede con las bacterias que comen petróleo tienen que provenir de un laboratorio. Entonces, ¿Tendremos que comprar nuestras bolsas de plástico u otro producto con una dotación de bacterias? o ¿los ayuntamientos tendrán que comprar lotes de estas bacterias para sus tiraderos o rellenos sanitarios? Desde otro escenario probable, las bolsas se degradarán en partículas y si compramos o acumulamos un kilo de bolsas de plásticos, ahora será la misma cantidad, pero hecha polvo disperso por todos lados y quizá contribuyendo a una más de la gran cantidad de alergias que hay por falta de control de los desechos y sustancias tóxicas.
Conociendo un poco de la idiosincrasia mexicana, el consumo de estos productos se empezará a dar de manera poco diferenciada, ya que como analfabetas consumistas, sólo leeremos las letras grandes que dicen “Biodegradable” “Plástico orgánico”, u otra leyenda enverdecida o ecologizada reforzada con imágenes sugerentes a lo natural y ¡YA ESTA¡ todos somos responsables con la conciencia limpia de que estamos ayudando a nuestro ambiente. Y me vuelve a surgir otra pregunta ¿a dónde están las autoridades oficiales responsables de este tema? Seguramente conoces ya algunas empresas que así están vendiendo sus productos, con el engaño verde, tal es el caso de grupo Bimbo que dice que “contribuye a la ecología”, promoviendo su reforestación y envolviendo sus productos con bolsas hechas de plástico oxo-degradable. ¿Te imaginas las millones de bolsas que ya han sacado? ¿te imaginas las millones de bolsas que seguramente ya andan volando por todos lados de nuestro país, ya sea en tiraderos de basura y si bien les va en algunos rellenos sanitarios?, por supuesto esto nos lleva a otra más de las preguntas incómodas ¿Qué pasa con el impacto que puede provocar que se descompongan las bolsas en partículas y se desconozca el efecto que se provocará en el ciclo de la cadena alimenticia en los diversos ambientes que hay en nuestro país?
Este tema es muy delicado en términos de salud e impacto al ambiente natural, y será de nuevo injusto que la sociedad tenga que pagar con impuestos y riesgos a su salud las negligencias de muchas empresas, que sólo tienen como interés el de ganar dinero acosta de los que sea. A veces actuando con permiso disimulado de las autoridades y en otras ocasiones procediendo de manera libre, ya que no hay quien las norme en este tema.
Para rematar en la complejidad de este tema, seguramente ya escuchaste los pronunciamientos con relación a la prohibición de las bosas de plástico en México. Se inicia en el DF y en poco tiempo seguro estará en otros estados, suena bien la idea, tiene un buen color verde, es un buen discurso amigable con el ambiente, nos internacionalizamos los mexicanos al entrar a formar parte de gobiernos ecológicos, pero, si otro pero más, hay una serie de detalles que no son explícitos, por ejemplo ¿tendremos que usar otro tipo de bolsas alternativas? Si es así, dónde están las propuestas y por supuesto que no afecte al bolsillo del consumidor, ¿si vamos a usar las bolsas “biodegradables”, quién nos garantiza su calidad y el bajo impacto ecológico?, una pregunta más ¿se tiene la ley pero cuando estará vigente su reglamento?, y otro asunto más, ¿dónde está la campaña de sensibilización e información al consumidor para que se incorpore a una nueva disposición gubernamental? Creo en la corresponsabilidad sociedad-gobierno como un modelo ideal de trabajo, pero los que gobiernan siguen priorizando la politización de los asuntos trascendentales en el país, algo así como en los años setenta cuando todo tenía el tamiz desde la visión económica.
Hay más aristas por donde atender este tema de los plásticos “biodegradables”, espero que pronto podamos abrir un debate y búsqueda de soluciones viables y asertivas. Estamos a tiempo de ser precautorios de un asunto socio-ambiental delicado, donde el entendimiento de lo nanométrico de este tipo de plásticos, nos dará muchas más pistas para tomar decisiones sobre los efectos ambientales y los impactos en nuestra salud.
* Ecoparadigma A.C.

Tú y las nubes: Estándares de la ciencia en México y el Programa de Maestría en Educación Ambiental en la UPN/095 D. F. Azcapotzalco

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán*

1.-El contexto: enfermos de evaluación
Entre la autocrítica que corre el riesgo de ser creída y asumida, el refrito presentado con fines de posicionamiento en múltiples foros o el autoelogio del espejo deformado de las cifras y los logros en el que no creerán los que lean el presente ejercicio, he elegido, esta vez, la reflexión. El inicio de un diálogo entre el Programa Académico en el que vivo y me que habita – ya hace largo tiempo- y la forma en que está legitimada la ciencia en México.
En primer lugar es inevitable decir que al menos en los últimos cinco gobiernos federales en nuestro país el modelo de la ciencia fue siguiendo muy de cerca los pasos del estilo planetario de desarrollo que colocó en el centro al mercado, al dinero como fin último y su lógica toda de relativismo e inmediatez: desplazando al Estado como proyecto general de beneficio para todos[1], y en que la sociedad se fue convirtiendo en un lugar solo para los mejor adaptados a cualquier costo al capitalismo global.
Exitoso devenir por casi veinte años (1989-2007) en el que tanto economía como producción de conocimientos fueron uno en la eficacia, la eficiencia y el rendimiento dominante. En este contexto, para el modelo llamado neoliberal, la evaluación se convirtió tan importante como el agua en los seres vivientes. El ingrediente vital que ayuda a separar lo valioso de lo que no lo es. Se pretende, en ambas realidades, la económica y la científica, el cumplimiento de estándares con diversas finalidades, como seleccionar, certificar, descalificar, excluir, marginar, ponderar, diferenciar, jerarquizar, clasificar, premiar, estimular, desaparecer primero científicos, luego programas académicos para más tarde atentar contra proyectos nacionales y hay quien sostiene que contra la humanidad misma.
Hace ya casi una década, Díaz Barriga (2000) nos advertía en forma precisa y prospectiva que la evaluación académica sentaría sus reales como una obsesión impuesta, a veces con rasgos ideológicos, otras en forma sutil y las más como parte de paquetes financieros de los organismos internacionales como el Banco Mundial, OCDE o la UNESCO y se quedaría entre nosotros. Algunos rasgos sobre la evaluación que el investigador destacaba eran:
a) La evaluación académica se emplea no solo con el fin de mejor el funcionamiento del sistema educativo, sino también para justificar la exclusión de quienes se considera no merece estar en tal sistema. Es decir, diferenciar entre cirrus y espumas viajeras.
b) La evaluación está asociada a un pensamiento neoconservador: el triunfo de las leyes del mercado, la exacerbación de la competencia en detrimento de la colaboración como un nuevo darwinismo social. El concepto de competencia es hoy tan grande curricularmente que lo podemos considerar ya una pandemia.
c) La evaluación forma parte de las estructuras de poder (internacional y nacional) que afecta los procesos institucionales escolares. Evaluación y poder no son sino una nueva forma de dominación racional cuyo resultado impactan a la sociedad en su conjunto.
d) Los organismos internacionales antes citados han inducido a determinadas prácticas de evaluación con determinaciones técnicas, financieras e ideológicas. Estas evaluaciones tienden a descalificar al Sistema y sus actores sin analizar las causas de los resultados. Las valoraciones responden a una lógica instrumental (el examen resulta más importante que a quien se le aplica).
Las valoraciones no dan cuenta del valor intrínsico de la tarea educativa. En el caso mexicano, lo anterior queda plenamente demostrado en la evaluación a maestros que concursaron para una plaza laboral, que ha traído una descalificación y condena social, sobre todo por el manejo tendencioso de algunos medios de comunicación a los profesores dejando intacto un proceso plagado de errores y no exento de corruptelas.
La potente carga argumentativa de Díaz-Barriga se realizó con toda pertinencia y contundencia en el año 2000, hoy cobra relevancia ante la crisis financiera mundial desatada desde hace por lo menos dos años en Estados Unidos y hace unos meses reconocida en casi todos los indicadores sociales y económicos y en la realidad de nuestro país es necesario volver a pensar ese modelo. A nuestro juicio es indispensable proponer una nueva economía con un nuevo proceder científico.
Guevara (2005) señala que a nivel de Administración Pública en México se han seguido en estás últimas décadas las siguientes tendencias en las que la política de ciencia no es excepción:
A) Se ha optado por reducir – por una tendencia mundial de un modelo neoliberal dominante que se impuso en la década de los ochenta del siglo pasado- al tiempo que se mantiene el crecimiento en las demandas sobre la actividad gubernamental. A más sociedad no vino más gobierno como lo recomendaba Weber, sino más intercambio de bienes y servicios.
B) Tendencia a una exigencia de mejorar la calidad gubernamental, de optimización de recursos, manifiesta incluso por certificaciones, evaluaciones y auditorias externas.
C) Cambio en la naturaleza de las demandas: mejor acceso y transparencia a la información, el saneamiento y preservación del medio ambiente, políticas no discriminatorias, por lo menos discursivamente.
En resumen el dogma quedo dictado: hacer más con menos, hacer las cosas mejor y hacer nuevas cosas.

2.- A ras de tierra
En este contexto hemos aprendido a sobrevivir. Habitar un Programa Académico de Posgrado durante los últimos 18 años nos ha educado en la necesidad de vivir atentos a la serie de hechos y lineamientos arriba señalados que se fueron introduciendo en los últimos años en las Instituciones de Educación Superior. Y que cada día cobran nuevas víctimas.
Tres procedimientos particularmente llaman poderosamente nuestra atención : las formas de financiamiento y estímulos; las evaluaciones y acreditaciones; y los indicadores impuestos que desde el cielo de la normatividad externa a las Universidad y que han modificado en forma impresionante la dinámica y operación académica del posgrado en México. Creemos que las maestrías en Educación Ambiental no son excepción. Veamos estos tres elementos desde la lógica de nuestra cotidianeidad, esto es siguiendo a Heller, desde la realidad suprema que se nos ha ido imponiendo.

a) El dinero que ya no llegará
Con el crecimiento del mercado, la extinción del Estado es un proceso casi natural. El problema es que cuando el Estado lo era todo, con él se va lo demás. Este año nuestro país perdió incluso secretarías de Estado que no consideró prioritarias como la de Turismo, tercera fuente de ingresos al Producto Interno Bruto (PIB). El financiamiento estatal parece escurrirse entre las manos de programas de choque que han regresado.
Las reducciones presupuestales aparecieron con la amarga crudeza que las caracteriza impactando de frente a la educación y la ciencia el presente año. Por eso no es de extrañar que valientes mexicanos se opongan a las mismas. Por ejemplo, la maestra Rosaura Ruiz de la Academia Mexicana de la Ciencia no solo insiste sino que vuelve a señalar la importancia del financiamiento para el sustrato científico:
El Estado debe asumir con seriedad y responsabilidad su compromiso de elevar de manera sostenida la inversión en ciencia y tecnología para cumplir la obligación legal de destinar a ese rubro en el año 2012 el equivalente a uno por ciento del PIB (la inversión pública en Ciencia)
Es técnica y financieramente viable, y eso genera efectos multiplicadores casi inmediatos, los cuales se expresan en mayor productividad, competitividad, empleo y más ingresos.

La viabilidad de la ciencia y la educación no esta en la mirada de corto plazo de los economistas que gobiernan el presupuesto y financiamiento en el México de hoy está en el desarrollo alterno que puede generar el conocimiento como lo han demostrado las economías de Japón, Corea y Finlandia, en las últimas tres décadas, que aunque con notables diferencias con una clara coincidencia: un partida presupuestal cada vez más grande para ciencia, tecnología y educación.

b) Evaluación y acreditaciones: las modernas estrellas en la frente
Son muchos los ejemplos de cómo las evaluaciones externas cayeron como bombardeo aéreo sobre nuestros campus. Pongamos el ejemplo del ingreso a posgrado. En un reciente artículo (Sánchez: 2009) se documenta el incremento del uso para ingresar a los Posgrados del Exani-III- es decir, el instrumento diseñado por la asociación civil llamada Ceneval que se utiliza para seleccionar alumnos- que pasó de 4 mil 730 sustentantes en 1998 a 17 mil en el 2008. Vertiginoso crecimiento muchas veces inducido como criterio de calidad o excelencia.
El mismo Sánchez nos explica las bondades del instrumento:

“Esta prueba ayuda a resolver la problemática de admisión, es particularmente útil cuando es necesario destacar las diferencias individuales de los sustentantes para expresarlas en alguna métrica (…) los datos contenidos en el cuestionario de contexto dan cimiento a la toma de decisiones. Para que la información derivada de estas evaluaciones pueda aprovecharse al máximo, se requiere una convicción generalizada entre los miembros de las instituciones acerca de su necesidad y beneficio potencial”.

¿Qué podemos decir de ese glorioso instrumento desde el suelo de un posgrado?

I.- Que nos fue recomendado por las autoridades de la universidad como requisito para poder abrir la maestría después del rediseño en la séptima, octava y novena generación de la maestría. Podemos demostrar con desempeño académico y otros criterios de más de 60 de nuestros alumnos egresados que los primero lugares de ese examen no fueron los que mejor rendimiento académico tuvieron. Mucho menos los primeros en titularse. Solo fueron eso sí, los que mejor contestaron el Exani-III.
En esta última generación apostamos, a contracorriente de la estrella en la frente o el permiso correspondiente, a un diplomado-propedéutico, al cual asistieron cerca de 50 alumnos-maestros durante seis meses. El trabajo, desempeño y selección mejoró sustantivamente en el programa una vez que ingresaron los alumnos aceptados.

II.- El Exani-III no es un instrumento de educación ambiental. No mide por tanto conceptos, categorías, aptitudes y actitudes específicas en el campo. Evalúa cultura general, importante, sin lugar a dudas, en un proceso formativo, pero no podemos menos que decir que es incompleto.
A pesar de esto, tal vez desde lo más alto de la bóveda celeste, el articulista de la apología de Exani-III nos pide fe ciega y nos impulsa a no mal gastar los ingresos públicos, teniendo esta maravilla de prueba:

(que la sociedad en general) manifieste un interés cada vez mayor por la calidad y la excelencia, en la que este tipo de instrumentos sea condición sine qua non para optimizar la distribución de los cada vez más escasos recursos destinado a la educación.

De lo anterior se infiere que en lugar de mal gastar recursos con otras formas de ingreso, debemos usar el instrumento que muy sutilmente ha llegado también para quedarse.

c) Los indicadores: algunos relatos del absurdo
En algún tipo de ciencia la forma de operacionalizar las hipótesis llegan inevitablemente a la construcción de indicadores. Estos son la fragmentación mínima que me permite observar, seguir y cruzar (¿y castigar?) al objeto.
Si en algo hay coincidencia en diversos niveles de evaluación desde el Sistema Nacional de Investigadores, hasta las políticas de mejoramiento del profesorado, los cuerpos académicos y los estímulos al interior de loas Universidades es que se debe cumplir indicadores: estándares prefabricados- quién sabe por quién y para qué- a los que hay que llegar. Obstáculos que hay que saltar si se quiere seguir con vida en la carrera académica o de investigación.
Por ejemplo uno clave en los Programas de Nacionales de Calidad es la eficiencia terminal, pero está tan cuadrado y lleno de sí, este indicador que no hay lugar para los muertos, los enfermos o los que han tenido otra forma titulación o continuación académica ahora permitida por la Secretaría de Educación Pública, como proseguir un doctorado.
No vamos a entrar en detalle sobre la forma autoritaria en que se han impuesto estás prácticas, casi siempre en forma vertical y unilateral. Tampoco de la poca discusión colegiada o pública que hay sobre ellas. Los silencios cómplices de los académicos y las autoridades. Los incontables pleitos en los grupos de trabajo por destacar o por la obtención de puntos, premios o becas. Dejaremos para más adelante toda esta narración.
En esta ocasión solo hablaremos del absurdo del reporte de los mismos. Para reportar han inventado una carretera ideal: el formato. Este ayuda a no pensar en algo largo y engorroso como los informes científicos antiguos, sino en una hoja con cuadritos muy bien diseñados para cada parte en la que se ha fragmentado lo sujeto a reporte.
Así, recientemente una maestra de primaria nos comentaba que a principio del año pasaron con un formato para evaluar a sus alumnos y ella no encontraba en esos indicadores a sus alumnos. Mis alumnos son mucho más que silábicos o pre-silábicos. De la misma forma que el profesor de secundaria Francoise, en la película La clase (Entre les murs, Cantent L., Francia; 2008) se rasca la cabeza tratando de meter un incidente tan complejo como todo lo que sucede en el salón de clase en los cuadritos asignados en el reporte que le pide el Director.
Este uso se ha generalizado de tal suerte que para la publicación en revistas y participación en congresos ahora se pide un resumen con determinado número de palabras, las cuales no se pueden exceder, a riesgo de que el sistema se congele o bloqueé la página como castigo por desafiar el formato. ¿Es más importante el cumplimiento de la regla o la ponencia?
La realidad una y otra vez tiene que encajar en el formato, en el que no hay lugar para ambigüedades, explicaciones, discrepancias o contradicciones. La realidad es plana y debe caber en el cuadrito.
3.- Epílogo
En el zapping diario televisivo al que acudo todas las noches me encuentro en el Canal 22 a una veterana investigadora de la UNAM declarando algo que de tan obvio suena escandaloso: todavía en México se piensa en apoyar la ciencia; los países desarrollados se apoyan en la ciencia. Esto nos ha metido en una dinámica de círculo vicioso: menos creencia en la ciencia como instrumento del crecimiento económico y equidad social ha traído menos desarrollo. En consecuencia como, lo afirma Jiménez Espriú (2009): nuestro retraso educativo en relación con los países desarrollados, en este mundo global de implacable competencia y bautizado como el de la sociedad del conocimiento, es de 20 años.
Sin embargo, la crisis económica se ha comenzado a remover viejos espíritus. Uno de ellos es el de la necesidad de resguardar lo que se ha logrado en, por ejemplo, la educación, la ciencia y la tecnología, de defender a las instituciones contra los atentados presupuestales que ya empezaron a dinamitar a los proyectos. En educación pública superior destacan en esta misión del siglo XXI, autoridades académicas, investigadores y profesores. Cito dos:
El Dr. Narro, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México no ha perdido oportunidad pública o privada en el último año para dar una verdadera y necesaria guerra de guerrillas en defensa de los espacios académicos todavía no privados:
“…a quienes piensan en la desaparición de la educación pública tendríamos que decirles que guarden esas intenciones en el cajón de los recuerdos, porque la sociedad se opondría a una medida de esa naturaleza, pues es imposible concebir a México sin este sistema”. (La Jornada 21 de marzo del 2009)

No se trata de una visión precipitada o desinformada de la situación de la educación superior del hombre que gobierna el lugar en que se desarrolla la mayor cantidad de la ciencia de nuestro país. Es la lucha con la pantera del estilo política y económica que ha ido cercenando este país. Que ha terminado, como lo hemos señalado, por tergiversar valores aun de la masa crítica de los mismos institutos científicos. Remata así el Dr. Narro.

No puede ser que hoy el éxito se mida en dinero o en bienes materiales y que los valores sociales no tengan mayor relevancia; se trata de una visión equivocada en la que pareciera que en las sociedades sólo importa el consumo. El modelo de desarrollo seguido por el mundo ya demostró que no funciona y que tiene que replantearse por uno más adecuado y sensato.

Por su parte en igual forma la maestra Ruiz, directora de la unidad 095 de la UPN se suma a esta cruzada en último número de la Revista Pedagógica Caminos Abiertos sostuvo, en el contexto de la era de las pandemias, la importancia del hecho educativo:

La resultante de este trabajo es, la educación, antiviral potente que permite que toda sociedad permanezca sana, no importa qué tipo de influenza nos ataque, pues donde exista un docente que se comprometa con su labor docente, inyectará vacuna tan potente que protegerá de cualquier embate a todos los seres humanos de este planeta. Planeta que está en crisis, y qué sólo a través de la educación lograremos salvar para bien de la existencia humana.

Pero hoy en el Wall street (no en México) y en otros centros financieros planetarios ya se habla de la salida a la crisis económica. Por eso la todavía joven investigadora canadiense Naomi Klein, creadora del No-logo, nos alerta sobre el peligro de salir de la crisis a lo mismo:

¿Queremos ir ahí? ¿Queremos salvar ese sistema precrisis, regresarlo a donde estaba el pasado septiembre? ¿O queremos utilizar esta crisis y el mandato electoral de hacer un cambio en serio que se obtuvo en la pasada elección, para transformar radicalmente ese sistema? Ya debemos tener clara nuestra respuesta porque no hemos tenido la potente combinación de una crisis seria y un claro mandato democrático progresista por un cambio desde los años 30. Usamos esta oportunidad o la perdemos.(…)comenzando a aceptar la urgencia de la crisis climática, el hecho de que nuestra actividad económica está en guerra contra el planeta, que hace falta de inmediato un cambio radical.

Esta crisis en realidad puede se una oportunidad que nos sirva para ir pensando el planeta y por supuesto la ciencia y la educación ambiental de otra forma, menos cuadrada y más creativa, democrática y propositiva. Los programas académicos, en particular los relacionados con la educación ambiental, van a seguir siendo amenazados, dada su naturaleza de resistencia y subversión dictada por el análisis del desarrollo y sus implicaciones educativas y ambientales que se han cuestionado desde siempre. Por eso no encajan en la lógica de la ciencia y estilo de desarrollo dominante. La tozudez de los mismos va en sentido estrictamente contrario y proporcional a quien todavía no entiende la importancia y trascendencia de la educación ambiental. Es indispensable mantenerse en esa necedad. Y no en la comodidad de irse adaptando a los tiempos y los puntos.

Mientras yo me despido con una canción que le dedico a la ciencia tal y como está ahora.


Tú y las nubes me traen muy loco
tú y las nubes me van a matar
yo pa´rriba volteo muy poco
tu pa´bajo no sabes mirar
José Alfredo Jiménez


Referencias
Díaz- Barriga A (2000) Evaluación Académica. Centro de Estudios sobre la Universidad. Fondo de Cultura Económica. UNAM. México.
Guevara Sanginés A (2005) Política Ambiental en México: génesis, desarrollo y perspectivas. En
http://www.revistasice.com/cmsrevistasICE/pdfs/ICE_821_163-175__7AB46E07D38B71D230F5086ECF0F9887.pdf.
Jiménez Espriú (2009) "La educación... del presidente Calderón". Revista de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Klein N. (2008) "Capitalismo estilo Sarah Palin". En La jornada 23 de agosto del 2009. México.
Narro J. (2009) "Imposible concebir a México sin la educación pública". En la jornada. Sociedad y Justicia. 21 de marzo; Pág. 34 México
Ruiz Cruz J. (2009) "La Universidad Pública. Potente anti-viral contra la crisis". En Revista Pedagógica Caminos Abiertos 177. Universidad Pedagógica Nacional. Julio pág 6. México
Sánchez Restrepo Harvey (2009) "El exani-III: andamios para el posgrado", Campus, Milenio, 20 de agosto del 2009, Pág. 04. México.

* Coordinador de la Maestría en Educación Ambiental de la Universidad Pedagógica Nacional. Unidad UPN 095 D.F. Azcapotzalco.
1.- Un ejemplo de este abandono del Estado a sus obligaciones es el caso de la salud, baste recordar que en Alma-Ata, URSS en la Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de Salud, en septiembre de 1978: se exortaba a los gobiernos a cumplir la obligación: de cuidar la salud de sus pueblos, obligación que sólo puede cumplirse mediante la adopción de medidas sanitarias y sociales adecuadas. Uno de los principales objetivos sociales de los gobiernos, de las organizaciones internacionales e de la comunidad mundial entere en el curso de los próximos decenios debe ser el de que todos los pueblos del mundo alcancen en el año 2000 un nivel de salud que les permita llevar una vida social y económicamente productiva. La atención primaria de salud es la clave para alcanzar esa meta como parte del desarrollo conforme al espíritu de la justicia social.
Con la privatización, subrogación y uso de seguros médicos privados en países como el nuestro la salud pública se hace cada vez más precaria y vulnerable.