
jueves, 1 de octubre de 2009
Plásticos biodegradables con o sin futuro

Tú y las nubes: Estándares de la ciencia en México y el Programa de Maestría en Educación Ambiental en la UPN/095 D. F. Azcapotzalco

1.-El contexto: enfermos de evaluación
Entre la autocrítica que corre el riesgo de ser creída y asumida, el refrito presentado con fines de posicionamiento en múltiples foros o el autoelogio del espejo deformado de las cifras y los logros en el que no creerán los que lean el presente ejercicio, he elegido, esta vez, la reflexión. El inicio de un diálogo entre el Programa Académico en el que vivo y me que habita – ya hace largo tiempo- y la forma en que está legitimada la ciencia en México.
Guevara (2005) señala que a nivel de Administración Pública en México se han seguido en estás últimas décadas las siguientes tendencias en las que la política de ciencia no es excepción:
2.- A ras de tierra
En este contexto hemos aprendido a sobrevivir. Habitar un Programa Académico de Posgrado durante los últimos 18 años nos ha educado en la necesidad de vivir atentos a la serie de hechos y lineamientos arriba señalados que se fueron introduciendo en los últimos años en las Instituciones de Educación Superior. Y que cada día cobran nuevas víctimas.
Tres procedimientos particularmente llaman poderosamente nuestra atención : las formas de financiamiento y estímulos; las evaluaciones y acreditaciones; y los indicadores impuestos que desde el cielo de la normatividad externa a las Universidad y que han modificado en forma impresionante la dinámica y operación académica del posgrado en México. Creemos que las maestrías en Educación Ambiental no son excepción. Veamos estos tres elementos desde la lógica de nuestra cotidianeidad, esto es siguiendo a Heller, desde la realidad suprema que se nos ha ido imponiendo.
a) El dinero que ya no llegará
Con el crecimiento del mercado, la extinción del Estado es un proceso casi natural. El problema es que cuando el Estado lo era todo, con él se va lo demás. Este año nuestro país perdió incluso secretarías de Estado que no consideró prioritarias como la de Turismo, tercera fuente de ingresos al Producto Interno Bruto (PIB). El financiamiento estatal parece escurrirse entre las manos de programas de choque que han regresado.
Las reducciones presupuestales aparecieron con la amarga crudeza que las caracteriza impactando de frente a la educación y la ciencia el presente año. Por eso no es de extrañar que valientes mexicanos se opongan a las mismas. Por ejemplo, la maestra Rosaura Ruiz de la Academia Mexicana de la Ciencia no solo insiste sino que vuelve a señalar la importancia del financiamiento para el sustrato científico:
Es técnica y financieramente viable, y eso genera efectos multiplicadores casi inmediatos, los cuales se expresan en mayor productividad, competitividad, empleo y más ingresos.
Son muchos los ejemplos de cómo las evaluaciones externas cayeron como bombardeo aéreo sobre nuestros campus. Pongamos el ejemplo del ingreso a posgrado. En un reciente artículo (Sánchez: 2009) se documenta el incremento del uso para ingresar a los Posgrados del Exani-III- es decir, el instrumento diseñado por la asociación civil llamada Ceneval que se utiliza para seleccionar alumnos- que pasó de 4 mil 730 sustentantes en 1998 a 17 mil en el 2008. Vertiginoso crecimiento muchas veces inducido como criterio de calidad o excelencia.
El mismo Sánchez nos explica las bondades del instrumento:
En esta última generación apostamos, a contracorriente de la estrella en la frente o el permiso correspondiente, a un diplomado-propedéutico, al cual asistieron cerca de 50 alumnos-maestros durante seis meses. El trabajo, desempeño y selección mejoró sustantivamente en el programa una vez que ingresaron los alumnos aceptados.
A pesar de esto, tal vez desde lo más alto de la bóveda celeste, el articulista de la apología de Exani-III nos pide fe ciega y nos impulsa a no mal gastar los ingresos públicos, teniendo esta maravilla de prueba:
c) Los indicadores: algunos relatos del absurdo
En algún tipo de ciencia la forma de operacionalizar las hipótesis llegan inevitablemente a la construcción de indicadores. Estos son la fragmentación mínima que me permite observar, seguir y cruzar (¿y castigar?) al objeto.
Si en algo hay coincidencia en diversos niveles de evaluación desde el Sistema Nacional de Investigadores, hasta las políticas de mejoramiento del profesorado, los cuerpos académicos y los estímulos al interior de loas Universidades es que se debe cumplir indicadores: estándares prefabricados- quién sabe por quién y para qué- a los que hay que llegar. Obstáculos que hay que saltar si se quiere seguir con vida en la carrera académica o de investigación.
Por ejemplo uno clave en los Programas de Nacionales de Calidad es la eficiencia terminal, pero está tan cuadrado y lleno de sí, este indicador que no hay lugar para los muertos, los enfermos o los que han tenido otra forma titulación o continuación académica ahora permitida por la Secretaría de Educación Pública, como proseguir un doctorado.
No vamos a entrar en detalle sobre la forma autoritaria en que se han impuesto estás prácticas, casi siempre en forma vertical y unilateral. Tampoco de la poca discusión colegiada o pública que hay sobre ellas. Los silencios cómplices de los académicos y las autoridades. Los incontables pleitos en los grupos de trabajo por destacar o por la obtención de puntos, premios o becas. Dejaremos para más adelante toda esta narración.
En esta ocasión solo hablaremos del absurdo del reporte de los mismos. Para reportar han inventado una carretera ideal: el formato. Este ayuda a no pensar en algo largo y engorroso como los informes científicos antiguos, sino en una hoja con cuadritos muy bien diseñados para cada parte en la que se ha fragmentado lo sujeto a reporte.
Así, recientemente una maestra de primaria nos comentaba que a principio del año pasaron con un formato para evaluar a sus alumnos y ella no encontraba en esos indicadores a sus alumnos. Mis alumnos son mucho más que silábicos o pre-silábicos. De la misma forma que el profesor de secundaria Francoise, en la película La clase (Entre les murs, Cantent L., Francia; 2008) se rasca la cabeza tratando de meter un incidente tan complejo como todo lo que sucede en el salón de clase en los cuadritos asignados en el reporte que le pide el Director.
Este uso se ha generalizado de tal suerte que para la publicación en revistas y participación en congresos ahora se pide un resumen con determinado número de palabras, las cuales no se pueden exceder, a riesgo de que el sistema se congele o bloqueé la página como castigo por desafiar el formato. ¿Es más importante el cumplimiento de la regla o la ponencia?
La realidad una y otra vez tiene que encajar en el formato, en el que no hay lugar para ambigüedades, explicaciones, discrepancias o contradicciones. La realidad es plana y debe caber en el cuadrito.
En el zapping diario televisivo al que acudo todas las noches me encuentro en el Canal 22 a una veterana investigadora de la UNAM declarando algo que de tan obvio suena escandaloso: todavía en México se piensa en apoyar la ciencia; los países desarrollados se apoyan en la ciencia. Esto nos ha metido en una dinámica de círculo vicioso: menos creencia en la ciencia como instrumento del crecimiento económico y equidad social ha traído menos desarrollo. En consecuencia como, lo afirma Jiménez Espriú (2009): nuestro retraso educativo en relación con los países desarrollados, en este mundo global de implacable competencia y bautizado como el de la sociedad del conocimiento, es de 20 años.
Sin embargo, la crisis económica se ha comenzado a remover viejos espíritus. Uno de ellos es el de la necesidad de resguardar lo que se ha logrado en, por ejemplo, la educación, la ciencia y la tecnología, de defender a las instituciones contra los atentados presupuestales que ya empezaron a dinamitar a los proyectos. En educación pública superior destacan en esta misión del siglo XXI, autoridades académicas, investigadores y profesores. Cito dos:
El Dr. Narro, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México no ha perdido oportunidad pública o privada en el último año para dar una verdadera y necesaria guerra de guerrillas en defensa de los espacios académicos todavía no privados:
Esta crisis en realidad puede se una oportunidad que nos sirva para ir pensando el planeta y por supuesto la ciencia y la educación ambiental de otra forma, menos cuadrada y más creativa, democrática y propositiva. Los programas académicos, en particular los relacionados con la educación ambiental, van a seguir siendo amenazados, dada su naturaleza de resistencia y subversión dictada por el análisis del desarrollo y sus implicaciones educativas y ambientales que se han cuestionado desde siempre. Por eso no encajan en la lógica de la ciencia y estilo de desarrollo dominante. La tozudez de los mismos va en sentido estrictamente contrario y proporcional a quien todavía no entiende la importancia y trascendencia de la educación ambiental. Es indispensable mantenerse en esa necedad. Y no en la comodidad de irse adaptando a los tiempos y los puntos.
José Alfredo Jiménez
Díaz- Barriga A (2000) Evaluación Académica. Centro de Estudios sobre la Universidad. Fondo de Cultura Económica. UNAM. México.
Guevara Sanginés A (2005) Política Ambiental en México: génesis, desarrollo y perspectivas. En http://www.revistasice.com/cmsrevistasICE/pdfs/ICE_821_163-175__7AB46E07D38B71D230F5086ECF0F9887.pdf.
Jiménez Espriú (2009) "La educación... del presidente Calderón". Revista de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Klein N. (2008) "Capitalismo estilo Sarah Palin". En La jornada 23 de agosto del 2009. México.
Narro J. (2009) "Imposible concebir a México sin la educación pública". En la jornada. Sociedad y Justicia. 21 de marzo; Pág. 34 México
Ruiz Cruz J. (2009) "La Universidad Pública. Potente anti-viral contra la crisis". En Revista Pedagógica Caminos Abiertos 177. Universidad Pedagógica Nacional. Julio pág 6. México
Sánchez Restrepo Harvey (2009) "El exani-III: andamios para el posgrado", Campus, Milenio, 20 de agosto del 2009, Pág. 04. México.
* Coordinador de la Maestría en Educación Ambiental de la Universidad Pedagógica Nacional. Unidad UPN 095 D.F. Azcapotzalco.
1.- Un ejemplo de este abandono del Estado a sus obligaciones es el caso de la salud, baste recordar que en Alma-Ata, URSS en la Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de Salud, en septiembre de 1978: se exortaba a los gobiernos a cumplir la obligación: de cuidar la salud de sus pueblos, obligación que sólo puede cumplirse mediante la adopción de medidas sanitarias y sociales adecuadas. Uno de los principales objetivos sociales de los gobiernos, de las organizaciones internacionales e de la comunidad mundial entere en el curso de los próximos decenios debe ser el de que todos los pueblos del mundo alcancen en el año 2000 un nivel de salud que les permita llevar una vida social y económicamente productiva. La atención primaria de salud es la clave para alcanzar esa meta como parte del desarrollo conforme al espíritu de la justicia social.
Con la privatización, subrogación y uso de seguros médicos privados en países como el nuestro la salud pública se hace cada vez más precaria y vulnerable.
México 68: Una visión marginal (Relato)
Corrían los fines de los sesenta y principios de los setenta. Aun antes. Trato de acordarme de eventos que me marcaron: La muerte de Kennedy; la llegada del hombre a la luna; la muerte de Pedro Rodríguez; las Olimpiadas del 68; cuando Omar Fierro enloqueció a la tribuna guinda y anotó el touch del gane ante los Pumas y observar cómo se apagaban las antorchas de un lado y se encendían del otro; ver ¡Help! en el cine Las Américas; deleitarme con Pelé -por TV- y su proeza en el Estadio Jalisco: dio un tremendo salto y cabezazo y, cuando todos coreaban gol, asombrarme ante la figura de Gordon Banks al sacar la pelota a tiro de esquina; las carreras de autos en la Magdalena Mixhiuca… Me acuerdo del 68 y pienso en el sargento Pedraza, el Tibio Muñoz, Mari Tere Ramírez. Bob Beamon y su impresionante salto de 8.90m. Voló el negro en CU y tuve la suerte de estar ese día en el estadio.
Amigos, enamoramientos platónicos, sueños de ser Jim Clark o John Lennon. Quise ser marchista, inspirado por el sargento Pedraza. Cuando fuimos a Cuemanco a ver el Remo, veía a algunos andarines entrenando en la cercanía del canal y más me emocionaba. Nunca lo concreté. Vamos, ni siquiera lo inicié, pero fue uno de mis sueños guajiros. Parecía estar en la familia adecuada, en el lugar perfecto y en un país que se daba el lujo de ser anfitrión de Grandes Premios de fórmula uno, de Olimpiadas y de un Campeonato Mundial de Fútbol.
Mi hermano Raúl compró una tele de 14 pulgadas, General Electric, ¡a color! para ver las olimpiadas. Unos pocos años antes el teléfono timbraba en mi hogar clasemediero, con profundo arraigo y viento popular. “¿Sí, casa de la familia Villegas?” No cabía duda, éramos un producto tangible del milagro mexicano. Esas terminologías y estadios económicos los averigüe después.
En el 68 tenía 11 años. Supe del movimiento estudiantil porque en, al menos, dos ocasiones en que iba al Plan Sexenal a jugar Basquet o frontón, con mis amigos de Santa Julia, vimos los tanques apostados alrededor de la Escuela de Ciencias Biológicas del IPN, y aun montamos exteriormente en ellos, con la venia de los soldados; a través de la revista clandestina ¿Por Qué?; porque mis hermanos Raúl y Javier Villegas participaron en él; porque mi primo Joel Ortega era uno de los líderes; porque a veces escuchaba que se decían cosas en Mar Adriático, y veía que llegaban personajes que la historia se encargaría de catapultar al umbral de la dignidad, la ignominia, la posición encumbrada, la solvencia moral permanente o el olvido. Veía a Jardón, a Pablo Gómez y a muchos otros que devoraban la comida o la cena. De esto recuerdo unos ricos platos de frijoles con epazote o crema, acompañados de una coca bien fría que Don Joel Ortega Rodríguez y la profesora María Juárez les (nos) convidaban. Cómo capturar aquellas pláticas, con mis –entonces- escasas lecturas y referencias única y exclusivamente musicales, deportivas, afectivas y de barrio. Imposible
De repente, reniega uno el no haber nacido un poco antes y formar parte de esa historia que sacudió los cimientos de lo que se creía una monolítica estructura social y política. ¿En México? ¿Cómo? Si la historia era sólo una asignatura en las escuelas. Si la historia ya estaba escrita; los héroes se habían encargado de conquistar para los demás la libertad, la justicia, la estabilidad social. ¿Dónde quedó el Plan de San Luis, el nacionalismo cardenista, Zapata y su gente, la Constitución? ¿Dónde –más atrás- los Niños Héroes, el indito que llegó a presidente, las Leyes de Reforma, la gesta del Cura Hidalgo? ¿Cómo diablos entender que aquellos vientos sesenteros eran la historia? ¿Cómo entender –entonces- que la historia no era, nada más, el registro de los hechos pasados? ¿Cómo mandar al carajo los libros de texto y encontrar referencias para entender ese presente? ¿A quién reclamarle por no entenderlo a cabalidad en su momento? A nadie, a todos. No había qué renegar, en todo caso, uno no tenía la culpa o tenía que encargarse –con su propia generación- de hacer historia.
Años más tarde, en la Normal Superior de México, con 20, 21, 22, años fui representante de mi Generación, ante el CERGENS (el Comité de Lucha del turno matutino), representante ante el Consejo Técnico Consultivo Paritario. Hicimos marchas, asambleas, mítines, tomamos las calles, tumbamos a varios directores, queríamos concursos de oposición transparentes, democracia interna, cambio de planes de estudio… Queríamos montarnos en el tren de la historia. Algunas cosas conseguimos, en otras nos apabullaron. Dos años después de mi egreso de la escuela, ésta fue cerrada por Reyes Heroles y enviada a terrenos de Azcapotzalco. Algunos maestros fueron cesados, otros amenazados, otros negociaron. No hubo fuerza, ni consistencia, ni se abrió la lucha, salvo en el sentido de apoyar toda suerte de movimientos (Nicaragua, El Salvador) más por solidaridad, que por una auténtica integración No fue posible hacer historia importante. Si acaso, intentos por recuperar o fortalecer la dignidad normalista. No se pudo, por diversas razones: coyuntura, tiempo, espacio, circunstancia, miedo, ignorancia, porque así es la historia…
En el 68 –pude advertir en los años posteriores- sí se hizo historia. Más allá del Álbum Blanco, de Lady Madonna o de récords olímpicos. Qué iban a cambiar aquellos muchachos heroicos. Quién sabe. Algunos dicen que la estructura democrática del país. Otros que revolucionaron la conciencia de miles de personas. Otros, que se sentían solos. Otros, que reivindicaron la libertad. Algunos más conectan el hecho con el 88 o el 2000. Muchos más sólo recuperan el hecho remitiéndose al 2 de octubre y su trágico desenlace. Por otra parte están los que creen que fue una parte de un proceso que arrancó desde antes y culminó, como tal, el 10 de junio de 1971.
Echeverría preso; algunos líderes olvidados; otros en sus curules; Díaz Ordaz muerto; otros que siguieron firmes en su convicción; activistas que hoy ven el hecho como una anécdota curiosa de su vida; otros que siguieron el camino de la guerrilla; editorialistas convencidos de la importancia del movimiento, haciendo apologías de él; otros más que insisten en que Díaz Ordaz hizo bien en defender la soberanía amenazada por esos revoltosos comunistas. ..Así es la historia.
Así es, así fue. Cuando años después uno recupera parte de ese bagaje a través de la crónica, de la tradición oral, de las conmemoraciones, y las va vinculando con el movimiento oscilante de la realidad, empieza a entender que había un mundo mayor al que un puberto descifraba desde su muy particular cosmovisión. Ese mundo, no obstante, se sigue asomando con otros rostros, con otras reivindicaciones, con nuevos tiempos…a ese mundo hay que apostar. Hay que invertir tiempo, cultura, consejo y experiencia, a los jóvenes para que se sigan procesando los cambios que requerimos. A lo mejor es tiempo de, ahora sí, ser parte de la historia, aunque en un rol muy diferente al que hubiéramos deseado.
* Profesor de la Normal Superior y titulado de la Maestría en Educación Ambiental de la Universidad Pedagógica Nacional. Unidad UPN095 Azcapotzalco.